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Más de lo mismo, pero en menor cantidad: esa es la nueva tendencia en toxina botulínica. Inyectar pequeñas cantidades para un resultado más natural y para retrasar la aparición de las arrugas en el tercio superior de la cara.

La medicina estética avanza implacable,  hacia retoques cada vez más discretos y también cada vez más tempranos… La idea es prevenir, antes que desarrugar.

Dentro de esta tendencia se enmarca el llamado “baby botox”, (última tendencia en EE.UU.) Es, sencillamente, la infiltración de dosis más bajas de las que se usan habitualmente en los tratamientos con toxina botulínica, aplicadas con mucha precisión, para conseguir un efecto muy suave y natural.

 

 

Pero… el baby botox tiene sentido si:

  1. hay pocas arrugas o no son muy profundas
  2. sólo se busca prevenir, especialmente en rostros en los que se ve, incluso siendo muy joven, que la anatomía muscular tiende a contraer áreas como el entrecejo o las patas de gallo.

Y es que el fin último es que, al paralizar esos músculos que forman las arrugas, éstas no lleguen a formarse.

Eso sí: no vamos a engañar a nadie. El baby botox no funciona en arrugas más marcadas. Y no sale especialmente más barato. En primer lugar, porque posiblemente hagan falta más retoques. Y aunque el precio del producto pueda bajar un poco, en un tratamiento médico no sólo cuenta el coste del material inyectable, sino también el tiempo, la experiencia y la habilidad del médico.

Baby o no, cuando de medicina estética se trata siempre rige el mismo principio: mejor menos que más, y siempre, siempre, siempre, buscar a un profesional que ofrezca todas las garantías. Ante todo – y sobre todo.